Educación primero: el desafío que definirá el futuro de nuestro país

Los resultados de PISA 2025 muestran que, aunque hemos avanzado, todavía estamos lejos de alcanzar la educación que la República Dominicana necesita. Más preocupante que los resultados es la tendencia de muchos jóvenes a buscar el éxito inmediato, mientras disminuye el interés en carreras como medicina, ingeniería, docencia o ciencias, esenciales para el desarrollo nacional. No se trata de desestimar nuevas formas de emprendimiento, sino de recuperar el valor del estudio, el esfuerzo y la preparación, pues ninguna nación progresa de manera sostenible sin una generación educada y comprometida con el conocimiento.

El informe PISA refleja, en comparación con 2018, mejoras notables, especialmente en Ciencias, donde el puntaje pasó de 336 a 361 puntos. También aumentó la proporción de estudiantes que alcanzan las competencias básicas. Estos avances deben reconocerse, ya que demuestran que el esfuerzo, la inversión y las políticas educativas pueden generar resultados positivos. Los resultados de PISA no son solo estadísticas: son el reflejo del futuro que estamos construyendo. Cada niño que no comprende lo que lee, cada joven que abandona la escuela y cada adulto que renuncia a seguir aprendiendo representan oportunidades que el país pierde.

El reto actual no consiste únicamente en garantizar la asistencia a las aulas, sino en asegurar que los estudiantes aprendan, comprendan, razonen y desarrollen las habilidades necesarias para este siglo XXI. Es imprescindible convertir la educación en una causa nacional, asumida con el mismo compromiso por familias, escuelas, comunidades, sector privado y Estado. El futuro de la República Dominicana se definirá, más que por el crecimiento económico o por las obras de infraestructura, por la calidad de los ciudadanos que formemos.

Ese futuro se construye en cada aula donde se despierta la curiosidad por aprender, en cada hogar donde se enseñan valores como el respeto, la disciplina y la honestidad, y en cada dominicano que entiende que el conocimiento es la herramienta más poderosa para transformar su vida. Ningún país puede aspirar a un desarrollo realmente sostenible si su sistema educativo no forma personas capaces de comprender lo que leen, resolver problemas, adaptarse a los cambios tecnológicos, pensar con criterio propio y participar de manera responsable en la construcción de una sociedad más justa y democrática.

El día que coloquemos la educación por encima de cualquier interés particular y la convirtamos en una prioridad nacional permanente, habremos dado el paso más importante para construir la República Dominicana próspera, competitiva y llena de oportunidades que todos soñamos.

La educación fortalece la sociedad y la democracia, porque forma ciudadanos más conscientes, críticos, responsables y comprometidos con el bienestar colectivo. Una población educada está mejor preparada para participar en la vida pública, exigir transparencia, respetar las normas y contribuir al fortalecimiento institucional del país.

Desde una perspectiva económica, la educación incrementa la productividad, impulsa la innovación, genera mayor valor agregado y produce retornos sociales y económicos. Debe ir mucho más allá de la transmisión de conocimientos: debe formar seres humanos capaces de pensar, crear, sentir, convivir y transformar su realidad.

Durante años, el sistema educativo se ha concentrado en enseñar contenidos y medir resultados académicos, cuando el verdadero propósito de educar es desarrollar integralmente el potencial humano. La creatividad, la lectura, la escritura, la imaginación y el pensamiento crítico no son elementos complementarios, sino herramientas fundamentales para formar ciudadanos libres, innovadores y comprometidos con su sociedad.

Para pensadores y educadores como Eugenio María de Hostos, Salomé Ureña, María Montessori y Guilford, educar significa preparar para el futuro. No basta con saber; es necesario encender el pensamiento libre para aplicar el saber. No basta con querer; es fundamental hacer de las aulas el motor del progreso, estimulando la curiosidad, la intuición, la sensibilidad, la observación y la capacidad de generar nuevas ideas.

La formación es la inversión más estratégica y transformadora que puede realizar una nación, porque no solo forma profesionales, sino ciudadanos capaces de impulsar el desarrollo, fortalecer valores, reducir la pobreza y construir una sociedad más justa y productiva. El verdadero desafío ya no es únicamente construir más escuelas, sino garantizar educación de calidad dentro de ellas, fomentando la lectura, el pensamiento crítico, la creatividad, la formación en valores y el amor por el aprendizaje.

El éxito de la inversión educativa debe medirse por la calidad humana y académica de los estudiantes que formamos, así como por la preparación de nuestros docentes, quienes son el pilar fundamental para desarrollar una generación íntegra, competente y capaz de enfrentar los desafíos del presente y del futuro.

“La educación es el proceso de formar la razón, el carácter, la conciencia y la libertad de las personas, para que puedan pensar con criterio, actuar con valores, buscar la verdad, servir al bien común y construir un futuro mejor para su país y para la humanidad.”

(Fragmento del Discurso de Eugenio María de Hostos en la Escuela Normal en la investidura de los primeros maestros normales. 28 de septiembre de 1884, publicado en 2019 en la Revista ECOS UASD 26 (17):254-261.)

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